No hay promesa rota,
no tendría manera de hacerlo.
No habría forma más trágica de perforar la última capa
de tierra de este planeta.
No hubo regalo, sorpresa o canción
que desgarrara la última fibra de sinceridad.
Y ahora el juego que he creado no me permite más lesiones.
A quedado todo intacto, en su lugar.
En adelante es la mejor génesis, sin emperos.
Los días de angustia recién comienzan,
todo a sido un ensayo para lo realmente doloroso.
Es el encuentro con los grandiosos, los que están en otra liga,
los que me juzgarán por la efectividad evaluativa de mi cognociente.
Y recién ahí vendrá el verdadero sufrimiento.
Hubo un momento para ser feliz de otra manera,
ahora todo es una grandiosa dicotomía.
Lo actual es el resultado de aquel juego,
ese que miré por años y ahora sentí su consecuencia.
En ese sentir estuvo el primer final.
Nada cambia, ni nada lo hará.
El juego, la biología y las estructuras psíquicas seguirán igual por siempre.
Los sacerdotes, policías, profesores y prostitutas
estarán ahí siempre campantes al llamado de la necesidad.
Perfecto primer final que doblegó a la razón.
El término que indica reivindicación hace peligrar la perfección.
Y lo logró, ahí estaba la melosa y filosa reivindicación cortando el eje de la cordura.
El hombre que ama jamás perderá la cordura,
es por eso que ante la reclamación, fue lo suficientemente
fuerte para cortar y marcar frontera que hace posible un antes y después.
La emoción dominó y como jamás desgastó.
Si debía aflorar era por el bien,
fue el hijo de este crudo juego que nunca frenará.
Hablemos de mi juego, ese que solo prestaré a quienes no sepan amar.
Sus consejos vivirán por siempre en la memoria de los que se atrevan por 15 minutos a vivir de conversaciones ajenas emanadas de mesas inmundas de espuma.
Y si esos deben ser valientes,
los que se queden con el juego deberán tener más huevos que ellos.
No será fácil estar ahí, es como una rueda de un hamster; un día una cerveza, labios y muslos ajenos, promesas comunes sin cumplir.
Al otro día se escribe, y al otro día es más droga, otros muslos y otras promesas.
Es el juego, todo se trata del juego,
cuyo fuego os llevará al final, al primer final.
Y nunca olvidar que el extasis está entre finales,
y jamás desesperarse, ya que el círculo se encarga de propiciar muchos finales.